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» » EL ENIGMA DEL CASTILLO DE LA MUERTE


 

José Markanox

Siempre había escuchado, de boca de investigadores como Ricardo Mata y José Rivera, alusiones a una construcción que recibía el nombre del Castillo de la Muerte aquí en Carúpano y empujado por mi obcecada curiosidad decidí buscar algunos datos que arrojaran luces en torno a esta enigmática edificación colonial.

 

Sabemos que la llegada de los españoles a este lado del continente trajo consigo múltiples consecuencias producto del proceso de conquista y colonización. El comercio internacional se desplazó hacia las aguas del atlántico, con lo que llegaron antiguas prácticas de contrabando y piratería. La imposible tarea de patrullar todos los mares hizo que España tomara medidas de protección y defensa de sus territorios poniendo en práctica la ardua empresa de construir castillos y fortificaciones en las principales zonas costeras de América.

 

En Venezuela se construyeron muchas fortificaciones debido a su posición estratégica y de amplias costas. Ejemplo de ello, tenemos el Castillo de Santiago del Arrollo de Araya, construido en el año 1622 con el propósito de proteger las salinas naturales de los continuos ataques de piratas holandeses. Lo interesante de esto es que España lo mandó a volar 140 años después y aún se mantienen sus ruinas como testigo de nuestra historia. Luego de declarada la independencia todas estas edificaciones fueron convertidas en cuarteles durante la cruenta guerra que vivió nuestro país.

 

Pues bien, en la búsqueda de información referencial sobre el Castillo de la Muerte en Carúpano, resultó curiosa su escasez. Consulté sobre los alarifes, albañiles e ingenieros militares constructores de fortificaciones en el período hispánico en Venezuela y ninguno se hace acreedor de la obra.

 

En este orden de ideas, Salvatti (1918) en sus Anotaciones Históricas sobre la Masonería en Carúpano afirma que “el día 02 de diciembre de 1814, quedó instalada la Logia en una casa propiedad de Pedro Nolasco Guerra, bastante espaciosa y situada al pie del Cerro llamado de la Muerte, en cuya eminencia se destacaba una fortaleza construida por los españoles”.

 

Del mismo modo Manuel Salvatti aseveró que el Cerro de la Muerte habría cambiado su nombre al de Cerro de Los Masones, en honor a los mártires de Sabaneta, quienes habrían sido ejecutados por órdenes de Francisco Tomás Morales cuando tomó Carúpano en enero de 1815.

 

Por otro lado, Tavera Acosta (1930) en su Historia de Carúpano se refiere al asunto, cuando expone que “los masones lograron poner en funcionamiento un templo propio y estuvo situado al pie de la colina que desde entonces se conoce con la denominación del Cerro de los Masones. En esa colina hubo por años de la guerra de independencia una fortificación, que era la más importante, la cual estaba reforzada por los reductos llamados de Santa Rosa (El Faro) y de San Fernando (La Vigía)”.

 

De acuerdo con Restrepo ( 2007) en su Historia de la Revolución de Colombia en América hace mención a la fortificación, cuando la toma de Carúpano el 25 de noviembre de 1820,  de la siguiente manera: “en seguida se situaron los patriotas en una altura al frente del castillo de la Muerte, o San Fernando: allí se había encerrado el teniente Coronel Don Pedro Carbonell con ciento cincuenta soldados, entre otros el célebre capitán Macario Martínez. Guanche intimó a Carbonell, que saliendo del castillo tuvo una entrevista con el jefe republicano. De ella resultó la entrega del fuerte con cuanto en él existía”.

 

Por su parte, el historiador y Pbro. José Antonio Ramos Martínez en sus Hechos Notables de Carúpano menciona el lugar cuando asevera que “para el año 1826, una gran parte del pueblo se apoderó del castillo de la Muerte en la madrugada del 2 de setiembre dando vivas a la federación y al general Paéz” (UDO,1980).

 

Ahora bien, con todo este marco referencial lo primero que hice fue precisar la ubicación del Castillo de la Muerte, por lo que dirigí mis pasos a donde se encuentra hoy el Hotel Victoria, en la avenida Perimetral, lugar según la tradición oral se encontraba la casa donde Bolívar dictó su célebre decreto de Abolición de la Esclavitud por esos tiempos. Imagino que en esta misma casa se hospedó Morales cuando llegó a esta ciudad e hizo ejecutar a los llamados Mártires de Sabaneta, comunidad que recibe en la actualidad el nombre de Tío Pedro de la parroquia Santa Teresa.

 

En ese mismo perímetro se encuentra el Hotel La Colina, ubicado a los pies del Cerro El Tigre o 23 de enero, el cual termina su formación montañosa en declive hacia el lado del río Candoroso o “guatero”, este pináculo ofrece una panorámica vista al mar y al puerto. Ese sería el lugar conocido como el cerro de la Muerte, el cerro de Los Masones, el cerro El tigre o 23 de enero. Es precisamente en la cúspide de este cerro, detrás del hotel La Colina donde se encontró alguna vez el llamado Castillo de la Muerte.

 

La construcción de esta fortificación sin duda fue obra del ingenio de los españoles, con el propósito de defender la ciudad del ataque de los piratas y luego funcionó como cuartel de guerra. Lamentablemente no se encontró registro del nombre del alarife o albañil quien la construyó, por lo que se aprecia el uso de una anónima mano de obra local. Además, era una fortificación espaciosa porque en ella cabían ciento cincuenta hombres con su parque de guerra.

 

Lo que si representa una curiosidad fue su desaparición. Imagínense Ustedes que el Castillo de Araya fue volado y aún hoy en día se encuentra sus ruinas a la vista de todos. ¿Cómo entonces, el Castillo de la Muerte desapareció por arte de magia? Esto nos lleva a pensar que esta infraestructura carecía de materiales propios utilizados en una construcción de esta naturaleza y más bien fue hecha como una suerte de Casa Fuerte.

 

Nos impresiona mucho el nombre de la fortificación, relacionada con el símbolo de la muerte, como si realmente este lugar justificara algunas historias de hechos atroces y repugnantes que lo catalogaran como tal. Pero solo fue un nombre producto del imaginario de la gente de aquel entonces, quizás para endilgarle el nombre del cerro de la muerte a esta fortificación hecha por su enemigo natural: el español, que vino a someternos con su poderío.

 

Finalmente, es importante resaltar, que también existieron dos reductos que acompañaron al Castillo de la Muerte en su histórica existencia, conocidos como El Santa Rosa en el cerro El Faro y La Vigía, en el cerro San Fernando. La casa fuerte de La Vigía ubicada en el Cerro San Fernando, en las inmediaciones del hoy Parque Miranda, fue demolida con el propósito de construir un mirador turístico, obra criticada por muchos por largo tiempo, al final solo sirvió para albergar en su cima al Comando Naval de Operaciones de la Armada de Carúpano. ¿Será que los carupaneros no hemos sido capaces de preservar y mantener nuestro patrimonio como principal fuente de una economía cultural?

Fuente: CalleTacarigua

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